El margen, el cerco, el límite, la frontera, el confín..., de la fotografía o de la imagen fotográfica me atraen. El poder de muchas fotografías no reside en su vínculo con lo real, sino en lo que se desvía del centro: apariencias fantasmales, sobreimpresiones que abren otros campos de imaginación. Son los detalles marginales, lo insignificante que se vuelve esencial. La química del proceso permite explorar texturas, manchas y rasgados que rompen la armonía tonal. En ese espacio del accidente y el error deliberado hallo una otredad abstracta más seductora que la imagen misma.