La cámara estenopeica se convierte en un umbral entre la luz y el cuerpo, entre la materia y su desvanecimiento. No me represento como una identidad fija, sino que dejo fluir el movimiento. Durante esa hora de exposición, el cuerpo no puede evitar revelar su pulso, la respiración, el parpadeo, el desplazamiento del cuerpo. El espacio- doméstico, silencioso, cotidiano- se transforma en un escenario donde la luz natural actúa como narradora. no hay instantaneidad, sino duración: el retrato se construye a partir de la espera. Autorretrato estenopeico sobre papel fotográfico. 20x20cms.